La automatización de los procesos es uno de los resultados más visibles de la transformación digital de las últimas décadas. Con la IA ha llegado una nueva capa que permite analizar los datos de los procesos en tiempo real, facilitando así una gestión dinámica del entorno OT. La convergencia de los entornos TI y OT mejora el control y la supervisión de las operaciones, al tiempo que permite analizar a distancia los datos generados por sistemas complejos desde cualquier lugar del mundo. Para ello, se necesita una integración sistemática de los sistemas de tecnología operativa (OT) con los entornos de tecnologías de la información (TI).
Aunque el sector industrial español reconoce la necesidad de transformar digitalmente la tecnología operativa, se encuentra en una encrucijada estratégica, con procesos parcialmente automatizados e integraciones tecnológicas incompletas (AER Automation). Muchas empresas todavía no han conseguido coordinar de forma integral sus áreas y sistemas para extraer todo el valor de soluciones como la IA, los gemelos digitales y el análisis avanzado de datos.
Culturas diferentes
Uno de los principales obstáculos para la transformación digital de la tecnología operativa es la separación histórica entre los equipos de OT y TI. Mientras que el entorno de TI prioriza la confidencialidad de la información, la estandarización y la actualización continua, el área de OT se centra en la disponibilidad, la seguridad física y la continuidad de los procesos. Ambas áreas utilizan vocabularios, herramientas, procedimientos y métricas diferentes, lo que dificulta la asignación de responsabilidades y la adopción de una estrategia común.
A ello se suma que buena parte de la maquinaria industrial pertenece a generaciones anteriores a la conectividad: utiliza sistemas operativos obsoletos, protocolos propietarios, configuraciones poco documentadas y componentes que no admiten parches ni agentes de seguridad. Conectar estos activos directamente a plataformas corporativas, servicios en la nube o sistemas de análisis puede comprometer su estabilidad. Antes de digitalizar, las empresas necesitan inventariar sus activos, conocer sus dependencias y decidir qué máquinas pueden modernizarse, cuáles deben aislarse y cuáles tendrán que sustituirse.
La convergencia entre TI y OT proporciona visibilidad, automatización y capacidad de análisis, pero también elimina parte del aislamiento que tradicionalmente protegía los entornos industriales. Una intrusión originada en el correo electrónico, una credencial comprometida o una conexión remota mal configurada pueden facilitar el movimiento de un atacante desde la red corporativa hasta los sistemas de producción. De acuerdo con el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE), los ciberataques representan un riesgo creciente en España: en 2025 se gestionaron 122.223 incidentes de ciberseguridad, un 26 % más que en 2024.
En los entornos OT, las consecuencias no se limitan a una «simple» pérdida de datos: un ataque puede detener una planta, alterar parámetros de fabricación, dañar maquinaria, comprometer la seguridad de los trabajadores o afectar al suministro de servicios esenciales. El problema se agrava porque muchos activos industriales no admiten mecanismos de autenticación robusta, cifrado o actualizaciones frecuentes. Queda claro que la convergencia entre OT y TI requiere segmentación de redes, un control estricto de los accesos, monitorización específica de los protocolos industriales, protección de las conexiones de terceros y copias de seguridad verificadas. También es necesario disponer de planes de respuesta ante incidentes diseñados conjuntamente por los equipos de seguridad, TI, OT, ingeniería y operaciones.
Además, la transformación digital debe tener en cuenta un marco regulatorio europeo que continúa evolucionando. La Directiva NIS2 exige medidas de gestión de riesgos, seguridad de la cadena de suministro, continuidad de negocio y notificación de incidentes a las entidades de sectores esenciales e importantes. Por otra parte, el Reglamento de Ciberresiliencia (CRA) establece requisitos horizontales de ciberseguridad para los productos con elementos digitales. A ello se suma el Reglamento de Datos (Data Act), que regula, entre otras cuestiones, el acceso a los datos generados por productos conectados y su utilización.
Conclusión
Muchas empresas emprenden proyectos piloto relacionados con sensores, mantenimiento predictivo o gemelos digitales sin haber definido previamente la arquitectura, la propiedad de los datos ni el modelo de gobierno. A menudo se encuentran con incompatibilidades entre sistemas de distintos fabricantes o con la ausencia de ventanas de mantenimiento para realizar pruebas o actualizaciones. Para avanzar de forma sostenible, es necesario establecer objetivos operativos medibles, priorizar los procesos en los que la digitalización aporta un beneficio real, implicar a los operarios y a los responsables de planta y desplegar los cambios por fases.
Al mismo tiempo, el aumento de los ciberataques incrementa la preocupación de los equipos directivos, conscientes de que un incidente podría causar graves daños en los entornos OT, especialmente en empresas pertenecientes a sectores críticos sujetos a NIS2. Piénsese, por ejemplo, en la suspensión del funcionamiento de los equipos de radiología o de los sistemas de soporte vital de un hospital. Por ello, las organizaciones deben asumir que la digitalización de sus entornos OT amplía su exposición y exige medidas específicas para proteger una superficie de ataque cada vez mayor.
Más allá del cambio tecnológico, la digitalización de la tecnología operativa (OT) representa una transformación profunda para el sector industrial español. Sin embargo, su éxito no depende solo de la tecnología, sino también de las personas. Los empleados deben comprender el funcionamiento de los nuevos sistemas, la importancia de una conectividad segura, los controles de acceso y los riesgos operativos. Un liderazgo claro y el aprendizaje continuo ayudan a superar las resistencias y a garantizar que las herramientas digitales aporten mejoras cuantificables.
Por lo tanto, el éxito de la digitalización de los entornos TI y OT exige una estrategia coordinada: modernizar las infraestructuras antiguas, proteger las comunicaciones entre sistemas y establecer una colaboración constante entre los responsables de tecnología y operaciones. El objetivo es acceder a datos en tiempo real para que los equipos directivos puedan sacar el máximo partido de la digitalización: supervisar las operaciones, mejorar la eficiencia e impulsar nuevas iniciativas. Además de aportar beneficios evidentes, digitalizar la tecnología operativa ya no es una opción, sino un requisito para mantener la competitividad. Permite tomar decisiones basadas en datos, y las empresas que no avancen en esta dirección se arriesgan a perder terreno.